QUIÉN SOY
¿Quién es Valeria Rodríguez?
Hasta ahora me has conocido como Val, pero detrás de este proyecto estoy yo: Valeria Rodríguez, vecina de Laredo (Cantabria).
Mi camino hacia la nutrición fue un proceso de transformación personal. Durante mi adolescencia, viví en primera persona la frustración de los complejos corporales y las dietas restrictivas sacadas de internet.
En 2011, descubrí que la nutrición se podía estudiar, ese mismo año inicié el Grado Universitario en Nutrición Humana y Dietética en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Durante los estudios no solo aprendí la ciencia que hay detrás de la relación entre los alimentos y nuestro organismo, sino que me reconcilié conmigo misma, y entendí la importancia de un enfoque libre de dietas y restricción.
Más tarde cursé el Máster Investigación Biomédica (UPV/EHU) y otros tirulos propios de especialización en Nutrición Clínica y Vegetariana (ICNS).
Mi recorrido profesional ha tocado casi todas las aristas del sector de la salud tanto a nivel particular o privado como a nivel social o comunitario habiendo trabajado tanto en consulta privada como en industria alimentaria y colectividades.
Quienes me conocen me definen como una persona curiosa, metódica y profundamente empática por suerte para cuidar bien de los demás, primero hay que saber escuchar, es por ello que Mi valor diferencial reside en mi capacidad para ponerme en tu lugar.
No entiendo la nutrición desde listas de alimentos prohibidos ni pautas rígidas. Mi propuesta se basa en una nutrición flexible, consciente y sostenible, mi objetivo es acompañarte a recuperar la paz en la mesa, proporcionándote estrategias realistas, amables y adaptadas a tu estilo de vida.
Educación Alimentaria y Docencia
Mi espíritu inquieto me llevó desde joven a ser monitora de ocio y tiempo libre e instructora de Zumba y danza; exponerme delante de una audiencia para transmitir o motivar nunca ha sido un problema, es más, forma parte de mi persona.
Al percibir la enorme confusión, culpa y desinformación que rodean al acto de comer, entendí que el conocimiento científico no sirve de nada si no se traduce a un lenguaje cotidiano. Supe entonces que la docencia era mi canal de mayor impacto.
Me formé como docente en 2025 y continúo en constante actualización sobre psiconutrición, gamificación y divulgación.
Poseo una habilidad natural para simplificar conceptos complejos, dinamizar grupos y conectar desde la empatía. Entiendo que la educación alimentaria es la verdadera medicina preventiva: cuando una persona aprende el «por qué» y el «cómo» sin sentirse juzgada, el cambio deja de ser un esfuerzo y se convierte en un estilo de vida.
Mi propósito es democratizar la educación alimentaria y hacer de la salud un bien cercano y accesible para todos, este es mi granito de arena en salud pública.
Quiero inspirar comunidades para que cuiden de su salud y dotarlas de autonomía para la toma decisiones informadas.
En este sentido, uno de los grandes hitos alcanzado es sin duda, haber puesto en marcha los cursos de alimentación saludable en los Centros Cívicos de Santander, a través de los cuales, los vecinos pueden aprender todo lo relacionado con la nutrición y mejora de hábitos y compartir experiencias y avances en grupos reducidos.
Especialización en Disfagia
La disfagia —la dificultad para tragar alimentos sólidos, líquidos o la propia saliva— es una condición tan invisible como devastadora.
Algo que ya llamaba mi atención durante mi trabajo en colectividades era que las dietas de textura adaptada se abordaban de forma residual, monótona e incorrecta.
El punto de inflexión fue conocer en EE. UU. a Andrés, un joven con autismo y disfagia a quien, a través del cambio alimentario, logré devolver salud digestiva, ritmo normal de crecimiento y lo más importante, el placer de comer y la integración en la mesa familiar. Ese hito transformó su vida y marcó mi camino.
Al comprobar que al igual que en colectividades, en los domicilios particulares tampoco se sabía texturizar los alimentos sin perder nutrientes, supe que en este área tenía mucho que aportar.
Todo lo anterior impulsó mi trayectoria e investigación en disfagia: contacté con entidades, entrevisté a familias y me formé profundamente bajo los estándares de las comunidades científicas de referencia. Tras fundar mi consulta privada especializada, hoy desarrollo programas de capacitación basados en el marco internacional IDDSI (link) destinados a cuidadores particulares y profesionales.
Destaco por un enfoque integral y multidisciplinar. Soy de las pocas nutricionistas en este campo que trabaja en sinergia directa con logopedas especializadas y técnicos de cocina. Esta colaboración nos permite diseñar adaptaciones que no solo garantizan la seguridad y la eficacia reológica en la deglución, sino que además, son nutritivas, atractivas y sabrosas.
Mi objetivo es sensibilizar a la población, impulsar la detección temprana de la disfagia y capacitar a familias y profesionales en la adaptación culinaria. Quiero prevenir la desnutrición, el miedo a tragar y el aislamiento social en estas personas. Porque tratar la disfagia no es solo adaptar texturas: es devolver la dignidad, el disfrute y la vida social a cada una de estas personas y la tranquilidad a sus familias.
Un poco más sobre mí…
Mi forma de entender la nutrición va mucho más allá de las dietas. Trabajo desde la educación, la cercanía y la individualización, ayudando a cada persona a construir hábitos reales, sostenibles y adaptados a su vida.
Mis amigos me llaman “la nutricionista guay” porque no juzgo. Escucho y acompaño sin rigidez ni normas imposibles. Mi objetivo es ser una nutricionista diferente: no dar dietas, sino herramientas.
Creo firmemente en la planificación y en los pequeños cambios constantes como motor real de transformación: poco a poco, una “vuelta de tuerca” cada día.
Mi lema es claro: comida sin etiquetas y dietas sin apellidos. Porque para estar más sano no hay que comer menos, sino comer mejor, moverse más y entender lo que hay detrás de cada decisión.
Trabajo la resistencia al cambio que todos sentimos cuando intentamos mejorar nuestros hábitos y acompaño ese proceso desde la flexibilidad, no desde la rigidez, porque la vida no es una línea recta, es más parecida a un río que se adapta.
La salud no debería ser opcional: igual que no eliges ir o no a trabajar, vas aunque te cueste. Tomar buenas decisiones que te acerquen a la salud suena así, no es opcional, no va de cuando te apetece, no debería ser negociable priorizarse.
Creo en el proceso, como cuando plantas una semilla: se cuida, se riega y se confía, sin estar constantemente comprobando si ya ha crecido.
Cada persona es única y cada proceso también. Por eso no trabajo con planes cerrados, sino con estrategias personalizadas que integran alimentación, entorno, emociones, motivación y organización del día a día.
No esperes una dieta. Te espera un plan de acción realista, práctico y humano que no solo implica alimentos sino actitudes, motivación, entorno y coaching, es decir, todos los aspectos transversales al plato de comida (compra, estado de ánimo, planificación, logística de cocina…).
¿Quieres comenzar el camino hacia tu bienestar?
Identificación profesional
Nombre y apellidos: Valeria Isabel Rodríguez Fernández.
Titulación: Dietista-Nutricionista.
Nº de colegiada: CAN00063.
Colegio: Colegio oficial de Dietistas Nutricionistas de Cantabria (CODINUCAN). https://codinucan.es/.
Número de registro sanitario: N06//2025//04223.


